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El Diablo, Daniel Johnston y todo lo demás

La figura de Daniel Johnston rompe las costuras de lo que podría presumirse un cantautor, incluso la de uno con un trastorno mental. En la película que retrata su vida, “El diablo y Daniel Johnston”, se narra la desequilibrada relación entre el ánimo creador de Daniel mientras su locura germina. Se muestra un artista infantil, luego un joven cantautor grabado por la MTV y más tarde una persona incontrolable a causa de su trastorno bipolar.

Muchos no habíamos escuchado su música hasta conocer la historia, es entonces cuando uno se pregunta si fue antes el huevo o la gallina. Y es que, a parte de un puñado de canciones ubicadas en el documental con el estratégico tempo de un musical, no se puede decir que la carrera de Daniel Johnston haya sido convencional.

Hacía montajes de vídeo caseros, grababa canciones en un garaje y las distribuía en casetes, también creaba sus portadas e incluso alcanzaba una cierta simbología propia con sus dibujos. Pero su bipolaridad hizo imposible cualquier evolución artística dentro de cauces saludables. En su momento de mayor apogeo, el público que acudía a sus conciertos se debatía entre la risa y el pánico cuando hablaba del diablo. Muy pronto Daniel Johnston dejó de ser un artista para convertirse en alguien de quien preocuparse. Es en ese punto donde despertó la curiosidad de artistas famosos y discográficas. Para el establishment pasó a ocupar un lugar exótico ubicado en los límites de lo que podían comprender.

Ya sea la camiseta de Kurt Cobain en las revistas, o su ficha médica, Daniel Johnston constituye un icono a medio camino entre el desapego punk y la inocencia pop. No obstante, se trata de alguien capaz de cantar letras ingenuas a un amor platónico y, minutos después, intentar estrellar la avioneta en la que viajaba con su padre.

Esos límites exóticos entre lo cuerdo y lo sano pueden resultar arbitrarios si juzgamos con benevolencia a Daniel Johnston. A lo largo de la historia han sido catalogadas como enfermedades mentales tantas conductas sanas que nos invitan a participar de esta pregunta: ¿por qué iba a estar Daniel Johnston loco? Podría ser una más de esas formas de denominar lo que desconocemos; una posesión demoníaca, un delirio, algún tipo de shock. También podría ser una forma de chamanismo musical, una unión peligrosa con lo sagrado capaz de sanar a través del ritual de la canción. O quizás un loco sabio, alguien que mediante sus facultades aparentemente traspuestas es capaz de adivinar una dimensión invisible para el resto. Daniel Johnston como última búsqueda de territorios desconocidos, una nueva exploración para rebasar la frontera de nosotros mismos. El mérito del documental no es otro que darte la oportunidad de fantasear con estas divagaciones sin fundamento porque, en realidad, hablamos de una persona con muchos problemas. Por esta clase de juicios benévolos sus dibujos se venden por miles de dólares.

Sus composiciones tienen algo de esa manía creadora de determinadas personalidades inclinadas a la producción como una especie de función vital inevitable. Daniel Johnston cuenta con una vocación artística innegable en la que hace virtud del amateurismo, porque en realidad ninguna de sus canciones o pinturas parece del todo terminada. Ese estilo cuadró muy bien en el momento grunge de principios de los 90 donde la distorsión, el ruido y el ensalzamiento de lo aparentemente sucio pasó a ser trendy. Daniel Johnston fue el lo-fi llevado al extremo

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Qué es El Diablo y Daniel Johnston

Director: Jeff Feuerzeig
Duración: 110 minutos
Género: Documental musical – biográfico
Año de estreno: 2005

La película documental «El diablo y Daniel Johnston» cuenta la vida de un cantautor desde su infancia hasta su vida adulta. En la cinta se muestra la evolución artística y personal de Johnston, cuyos problemas psiquiátricos afectan en gran medida en sus actuaciones y obras. A lo largo de la película se recogen testimonios de la familia y amigos que cuentan alguno de los pasajes más importantes de la vida de Daniel.