Nowhere, cuando la suerte sonríe a una banda de rock

ride nowhere

Si en el histérico submundo de los rankings caben algunos consensos, uno de ellos es que Nowhere es uno de los mejores discos del estilo shoegaze. El álbum presenta un océano distorsionado donde la percusión y los riffs te agitan y golpean hasta el fondo, pero nunca lo suficiente para perder la misma ola que a través de otras crestas te balancea por el talento psicodélico juvenil de Ride. Un disco de volumen alto, soleado y agresivo a partes iguales.

El éxito de Nowhere se escribe en la historia en un lugar pocas veces recordado: un año antes que Loveless y dos antes que Souvlaki, ambos considerados elementos ineludibles en cualquier ranking noventero. Es una injusticia omitir influencias anteriores como los primeros trabajos de My Bloody Valentine, Sonic Youth, Spacemen 3, o el Disintegration de The Cure… Pero siguiendo la injusticia, si atendemos a la conformación de un estilo como una carrera espacial, se podría llegar a decir que Ride fueron los primeros en poner un pie en la luna.

Dos años después, Going blank again, un gran trabajo con un par de temas increíbles, pero ya sin la cohesión ideal de Nowhere. Cuatro años después, Carnival of light, una incomprensible mezcla de las tendencias brit del momento. Seis años después, Tarántula, un disco que Mark Gardener se negó a firmar, que fue publicado poco después de que se separaran y que incluso fue retirado del catálogo de la discográfica. Digamos que la curva fue en descenso. ¿Fue su debut un tiro afortunado? Tras Ride, Gardener hizo algo que nadie recuerda y Bell pasó a ser el bajista de Oasis, quinto en la línea de sucesión tras Andy Bell, guitarrista suplente, y el batería, que además era hijo de Ringo Starr.

En su reciente regreso ha habido dos álbumes: Weather diaries y This is not a safe place, más desesperados intentos por pulsar la tecla que ejercicios de renovación exitosa. Con ellos, vinieron tours por ciudades y festivales. Acudí a la llamada vestido con la idealización de fan, pero lo que contemplé fue un monumento a la bipolaridad.

El setlist se afanaba por esconder lo que ha sido descrito con anterioridad, que 4/6 de su trabajo no resiste la comparación con su álbum debut. Presenciar la cara y la cruz de su carrera en una hora escasa causó desconcierto a propios, e incluso a extraños. La bipolaridad también se colaba en la estética de sus dos principales figuras, Gardener, melena perdida y trajeado estilo recién divorciado, y Bell, psicodélico londinense mature. Nada ligaba en ese lugar salvo la percepción de que cualquier tiempo pasado fue mejor, y que ese tiempo era Nowhere. Lo mejor de si mismos como orgullo, legitimación y fantasma. 

Ride quiere seguir siendo aquel Ride, pero parece que esa campana ya sonó. Nowhere fue un álbum honesto, donde lo que después se ha categorizado como shoegaze se expresa de forma natural, como la personalidad en ambientes conocidos, como el sentido del humor, como un carácter musical que en 1990 fueron capaces de juntar. Tipos que te revuelven en la ola de esa manera no merecen la presunción de ser deudores de la buena fortuna. Se puede decir que Ride tuvieron suerte, como la física que explica la alineación de los planetas, o la estadística detrás del karma. Una suerte honesta materializada en buenas manos que tuvieron su momento, y vaya momento.