Patto: triunfo esquivo y tragedia

La década comprendida entre 1966 y 1975 es, tal vez, la época más fecunda de la historia del rock. Nombres históricos como Black Sabbath, Grand Funk Railroad, Led Zeppelin o Jimi Hendrix (por nombrar solo unos pocos) publicaron no solo las que hoy en día se consideran como sus mejores obras, sino trabajos clásicos cuyos títulos han quedado grabados con letras de oro en la historia del género.

El rock era, en esa época, la corriente músical más popular sobre la faz de la tierra, e incluso bandas de rock progresivo o jazz-rock cosechaban ventas millonarias, protagonizaban giras mundiales a lo largo y ancho del planeta, y participaban en festivales como el de Woodstock o el de la isla de Wight, en los que se concentraban cientos de miles de personas.

El éxito comercial y el rock fueron, durante esos años, poco menos que sinónimos. A pesar de ello, la lógica saturación del mercado que sigue de forma casi inexorable al éxito de cualquier tendencia provocó que muchas bandas tremendas no gozaran, a pesar de su evidente calidad, del beneplácito del gran público. Este es el caso de Patto.

1970 - 1973: De Patto a Monkey bum

Patto fue una formación de origen británico nacida de las cenizas de otras agrupaciones previas de corto recorrido como Timebox o Patto’s People, e integrada originalmente por Mike Patto (voz), Ollie Halsall (guitarra y vibráfono), Clive Griffiths (bajo) y John Halsey (batería). Su fundación se remonta al año 1970 y sería en noviembre de ese mismo año cuando lanzarían su álbum de debut, titulado con el nombre de la banda, contando con Murf Winwood (hermano mayor de Steve) a la producción.

El disco en cuestión fue grabado en directo y, con una propuesta que oscila con total naturalidad entre el blues-rock más crudo y las largas improvisaciones jazzísticas, es una perfecta muestra de la tremenda categoría de todos los componentes de la banda. Desde la voz rota de Mike Patto a la contundente base rítmica de ocasionales referencias funk, todos los músicos brillan con luz propia, destacando por encima de todo la figura de ese excelso guitarrista que fue Ollie Halsall. Un Ollie Halsall que se erige como protagonista destacado de un trabajo en el que todas las piezas encajan a la perfección conformando un debut casi inmejorable, a la altura de los mejores discos de la histórica época en que fue publicado.

Patto - Hold me back

Las razones de que un disco tan bueno no tuviese un éxito de público significativo, en una época en la que otras bandas con propuestas similares llenaban estadios, son difíciles de discernir. Pero lo cierto es que Patto, a pesar de contar con el beneplácito de buena parte de la crítica especializada, no consiguieron con su álbum de debut hacerse con un hueco destacado dentro del competitivo mundo del rock de los nacientes años setenta.

El extraordinario álbum de debut fue seguido un año después, en diciembre de 1971, por Hold your fire, nuevo trabajo discográfico en el que la banda optó por limitar algo la vertiente jazz de su ópera prima (presente todavía en los solos de Halsall, pero no tanto en la estructura de los temas) en beneficio de unas composiciones más convencionales y con mayor presencia de un piano tocado por el propio Halsall. El resultado es, a pesar de todo, un álbum que mantiene el alto nivel del trabajo anterior, con momentos de brillantez absoluta como la balada “You, you point your finger”.

Patto – You, you point your finger

Para su siguiente trabajo, titulado Roll ‘em, smoke ‘em, put another line out, la banda continuó con la progresión sonora iniciada en su anterior trabajo. Al contrario que a otras formaciones contemporáneas, el camino del rock progresivo no le había servido a Patto para alcanzar grandes cotas de popularidad, y en este tercer álbum la banda optaría por acercarse a terrenos previamente inexplorados en busca de la fórmula que les permitiese alcanzar el éxito que perseguían. El resultado es ocasionalmente brillante (“Singing the blues on reds”, con sus tonalidades funk, es un claro ejemplo de ello) pero tremendamente inconsistente, con una patente falta de dirección que lastra mucho el resultado final. Todo ello da lugar a un álbum francamente flojo, que palidece en comparación con los dos discos anteriores, y que deja un poso agridulce si tenemos en cuenta lo que ocurriría muy poco después.

Patto – Singing the blues on reds

En 1973 la banda entraría al estudio para grabar su cuarto álbum de estudio, titulado Monkey bum. Durante las sesiones de grabación de dicho álbum, no obstante, con los distintos integrantes del grupo cada vez más concentrados en sus compromisos con otras formaciones y un Ollie Halsall no demasiado convencido con la dirección hacia la que se aventuraba la banda, la andadura de Patto llegaría a su fin. Monkey bum quedaría pues en un limbo del que no saldría hasta 1995, cuando sería editado de forma no oficial por primera vez con una, lamentablemente, calidad de sonido bastante precaria.

Afortunadamente, una pequeña casa discográfica con sede en Londres y denominada Esoteric Records consiguió un máster de las grabaciones originales y pudo lanzar Monkey bum, ya en 2017, con una calidad de sonido excelente que permite apreciar en justicia los 10 cortes grabados en las sesiones originales, junto a otros tres cortes grabados en directo en sesiones para la BBC.

Y lo cierto es que es una auténtica lástima que el disco no se publicase en su momento, porque si al hablar de Roll ‘em, smoke ‘em, put another line out se comentaba que la banda carecía por completo de dirección, en estos 10 cortes, a pesar de encontrarse el grupo en pleno proceso de descomposición, sí se aprecia una idea general que orienta los 10 temas y que, además, funciona muy bien. El componente progresivo está prácticamente ausente en beneficio de una tendencia hacia el rock más clásico, con ocasionales texturas cercanas al soul y presencia de un saxo (interpretado por Mel Collins, frecuente colaborador de Robert Fripp en King Crimson) al que nunca habían recurrido hasta el momento. Todo ello da como resultado una mezcla muy interesante que nunca sabremos cómo habría funcionado en caso de haberse publicado en su momento.

Patto – General Custer

1973 - Presente: El largo camino hacia el olvido

Llegados a este punto merece la pena preguntarse, por tanto, qué ocurrió con los componentes de la banda tras la mencionada separación. Pregunta cuya respuesta tiene, lamentablemente, tintes que no se pueden catalogar sino de dramáticos.

Al año siguiente de la disolución del grupo, Mike Patto pasaría a formar parte, de forma breve, de Spooky Tooth, con los que publicaría The mirror en 1974, solo unos meses antes de la separación de una banda que se había mantenido activa desde 1967. 

En ese momento, y tras una breve reunión de Patto (banda) para tres conciertos benéficos, Patto (cantante) optaría por reanudar su colaboración con Halsall formando Boxer junto a Keith Ellis al bajo y Tony Newman a la batería. Poco después de la edición del trabajo de debut de la banda, titulado Below the belt, Halsall abandonaría la nueva formación, mientras que Patto seguiría adelante con el proyecto hasta 1977, cuando un diagnóstico de leucemia le obligó a disolverlo de forma prematura. Moriría apenas dos años después, en marzo de 1979, con solo 36 años.

Con anterioridad a su paso por Boxer, Hallsall había participado como músico de sesión en un buen puñado de grabaciones, incluyendo colaboraciones con artistas de la talla de John Cale, y había formado parte tanto del proyecto de Jon Hiseman conocido con el nombre de Tempest, como de la banda que acompañaba a Kevin Ayers (ex de Soft Machine).

Tras abandonar Boxer, Halsall volvería con Kevin Ayers, con quien permanecería a lo largo de los siguientes 16 años, en un periodo de tiempo en el que se establecieron, de forma más o menos fija, en una pequeña localidad del norte de Mallorca. A lo largo de esos años se convertiría en una figura muy reconocida dentro de la industria discográfica de nuestro país, destacando su participación como guitarrista en el Veneno en la piel de Radio Futura, o sus colaboraciones en calidad de productor, a lo largo de la década de los ochenta, con Ramoncín. Lamentablemente, en mayo de 1992, cuando contaba con 43 años, fue encontrado muerto en las calles de Madrid como consecuencia de un ataque al corazón inducido, parece ser, por un consumo excesivo de drogas.

patto band
Patto

En cuanto a Halsey y Griffiths, ambos continuaron su andadura como músicos de sesión en los años posteriores a la disolución de Patto, coincidiendo con Halsall y Kevin Ayers durante un breve espacio de tiempo, y colaborando, en el caso de Halsey, con artistas de la talla de Joe Cocker, Lou Reed o Jack Bruce. La carrera de Griffiths, por su parte, se vio truncada cuando ambos viajaban en coche volviendo de una actuación y su automóvil colisionó contra otro que avanzaba en sentido contrario cuyo conductor se había dormido al volante. Halsey sufriría importantes daños en la mandíbula y en las extremidades superiores e inferiores de los que, afortunadamente, se recuperaría sin mayores consecuencias que una cojera. Griffiths, no obstante, se llevaría la peor parte, sufriendo un traumatismo craneoencefálico que le dejaría en coma durante un periodo de seis semanas y del que despertaría con un importante daño cerebral. Daño cerebral que le provocaría parálisis en algunas partes del cuerpo y que, a partir de entonces, no le permitiría recordar con claridad su pasado como músico profesional.

Se trata, por tanto, de un grupo que no tuvo suerte durante sus años en activo, y que sufrió una serie de auténticas desgracias en los años posteriores a su separación. Durante los primeros setenta, a pesar de su evidente calidad, se les negó el éxito comercial. Y en los años posteriores la desgracia se ensañó, progresivamente, con casi todos sus componentes. Sin embargo, y al contrario que en otros casos, ni siquiera estas desgraciadas circunstancias han servido para que se les reivindique a posteriori más allá de círculos muy limitados, permaneciendo aun hoy en día en un relativo anonimato del que probablemente nunca lleguen a salir. 

Sirvan estas líneas, en resumen, como reivindicación de una banda con mucho que ofrecer y de unos músicos a los que persiguió la mala suerte durante toda su vida. Y es que el rock, y la música en general, están llenos de historias con final trágico como ésta. Historias que, a pesar de todo, merece la pena contar y conocer para que estos músicos abandonen, aunque sea por unos instantes, el olvido al que les ha condenado el destino.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp